Y acá te quiero ver!

Claaro, porque al formato “Crítica de rock” les guste a los demás o no, más o menos estoy acostumbrada. Lo tengo digerido. Los adjetivos, a qué prestarle atención, los detalles, lo que todos ven, lo que nadie mira…Pero esto es distinto.

El 2006 se lo debía a mi esencia rocker. Era como que los oídos me lo pedían. Pero ahora el cuerpo me pide también otra cosa. Y no por hacer una tengo que dejar de hacer la otra, o si?

Así que después de semejante recital de Cerati, en lugar de ir y poner las patas en remojo, se vino la SAMC.

Que no es más que la South American Music Conference. Conese nombre no puede ser nada ni muy South American ni muy rocker. Y no lo es por supuesto.

Aunque tanto mapuche, toba y mataco en el pabellón Trance me hizo dudar por un segundo de la estirpe de participes de este tipo de eventos. Y un poco me asusté: Esto no se parece en nada a como lo recordaba, tanto puede cambiar en un año?

Ni bien llegamos siento el pipi ripi pi, pipi piri pi, de Rave Me y el estallido de la gente. Ayyy no te puedo creer que es esto! Pensé.

Gente en cuero, bocha de pelados, engrasados con su propio sudor, mucho travesti sin tetas, colores fluo, pelos encerados con gloucot. Esto es Electro-Perú, le dije a G*.

Hasta que llegamos al pabellón 1 donde Magda ya estaba pinchando su minimal-techno. Ahí la cosa era distinta. Cada tanto se veía entre la muchedumbre un arco y flecha, pero no pupulaban como en el main stage.

Claro, yo de esto no puedo dar un listado de temas y a duras penas si sé algún título de ante mano. No es que entienda mucho de rock, pero claramente me siento más cómoda describiendo ese género que cualquier otro.

Quizá sea porque, en este caso,la experiencia musical pasa por otro lado: en satisfacer al cuerpo, en replegarse, concentrarse sólo en uno mismo y en el estímulo que la música proporciona.

Por eso fuimos a reventarnos las rodillas con Justin Robertson, que ya habíamos visto en el Nokia, pero esta vez fue mucho más oscuro, más pesado, más denso…como ahí dijimos, un sonido más vikingo. Un beat que no te dejaba parar, nada, ni un segundo. Ni tropezando con una lata.

Che, vamos a ver a Richie Hawtin…que se suponía era el plato fuerte. Y estaba bueno. Daba para quedarse. Pero no quisimos bajar. Y el techno era más para el mambo colombiano. Creo que era más importante lo que escuchábamos venir de nuestras arterias, venas y músculos, que lo que salía de los parlantes. Así que un par de temas y volvimos con el electro-house del pelado.

Tanto moverse, tanto calor, tanto exceso empezaron a cebarme. Y empecé a paranoiquearme: A ver si me agarra un paro…y bajé un cambio. De nuevo me asusté.

Hasta que me llegó el segundo aire, justo en el momento que toma la posta Diego Ro-k. Ahí me olvidé del soplo, de la ambulancia y el cajón.

Lástima que esas fiestas parecen durar tan poco. Y seguir de gira era demasiado. Como bien dijo G*, que era el más entendido, es preferible que nos quedemos con esta buena vibra y no por estirarlo, sobreexigir el momento y arruinarlo. Más teniendo en cuenta el ambiente de los after.

Así que después de haber estado como dos horas saltando con Cerati, de caminar de ahí al Casino del hipódromo, de correr por el viaducto de Libertador y estar más de cinco horas bailando sin parar un solo segundo, decidimos volver.

Y volviendo fue que vimos una de las experiencias más heavies de mi vida. Pero no da que cierre tremenda gira electrónica con eso.

Así que prefiero cerrarla con un domingo colmado de un estado de paja absoluto: pizzanesa, pelis y freddo….todo sin movernos del sillón.

Ah que… estuvo lindo el día?

* La coctelera es una de las bostas más grandes de este absurdo universo blogger.